Por: Isabel Salichs Gelabert

Como psicóloga infantil veo niños que se paralizan ante los retos y se mantienen en su zona de confort por miedo al fracaso. Eso es natural. La confianza en sí mismos la desarrollan a través de experiencias reales, no a través de ejemplos o de lecciones teóricas.
La autoestima, al igual que las estrategias de regulación emocional, requieren práctica. El refuerzo positivo no es suficiente para fomentar la autoestima saludable en los niños. Es preciso que los padres expongan a sus hijos a retos alcanzables para su edad y a acompañarlos en el proceso. Según el psicólogo Albert Bandura, así se desarrolla la “autoeficacia”, es decir cuando una persona confía en su capacidad para lograr objetivos específicos. Bandura descubrió que la autoeficacia se construye con experiencias de dominio..
Hay padres que tratan de solucionarles todo a sus hijos para evitarles ansiedad, frustración o malestar. Pero, ese comportamiento podría estar privando a los chicos la oportunidad de desarrollar confianza en sí mismos y autoeficacia. Por lo tanto, el rol de los padres no es evitar, sino guiar y apoyar a sus hijos mientras enfrentan retos alcanzables. Las investigaciones demuestran que la experiencia de superar desafíos con el aliento de los padres vale más que un elogio.
A través de los desafíos reales es que los niños descubren sus capacidades y adquieren perseverancia. La experiencia directa les permite reflexionar sobre sus decisiones y, si es necesario, hacer ajustes para lograr sus metas. Es una oportunidad para fortalecer sus habilidades ejecutivas y consolidar su sentido de competencia personal. Asimismo, desarrollan un tipo de autoestima basado en evidencia interna que les dice “puedo intentar”, “puedo aprender”, “puedo encontrar soluciones”. La autoestima interna es genuina porque nace de la experiencia directa, no de un elogio externo.
Hay programas educativos experienciales, como Lemonade Day, que demuestran los beneficios de que los niños enfrenten sus propios retos. Por ejemplo, en Lemonade Day niños de 6 a 12 años, emprenden un negocio propio usando el modelo de un puesto de limonada. En el proyecto aprenden a crear un plan de negocios, fijar metas, elaborar productos, operar un negocio, atender clientes y manejar dinero. Enfrentan diversos retos progresivos a través de los cuales aprenden a manejar frustraciones, crear soluciones y asumir los obstáculos pensando “yo puedo”. Alentados por padres y mentores adultos, los chicos de Lemonade Day también pueden asumir retos más difíciles como ofrecer un discurso persuasivo ante una audiencia en vivo o dirigirse a un jurado en el concurso de la mejor limonada. Vender la limonada, los expone al público, experiencia en la que aprenden a manejar aceptación y rechazo. Por ello, con cada venta, suele observarse más seguridad, iniciativa y disposición a interactuar.
A los padres que me leen, los invito a ofrecer a sus hijos oportunidades para enfrentar retos seguros con consecuencias reales. También los exhortó a que sean sus mejores “entrenadores” (no “solucionadores”). Validen los obstáculos, y animen a sus hijos a superarlos por sí mismos usando frases como: “¿Crees que lo puedes intentar? ¿Qué soluciones propones?”
En programas como Lemonade Day, los niños saldrán convencidos de que pueden enfrentar retos, aprender y crecer, desarrollando así una autoestima genuina y duradera. La autoestima no se regala con palabras bonitas, se construye a través de la experiencia directa, tomando decisiones, haciendo ajustes y logrando metas. Así, la convicción será inquebrantable.
